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La fachada de Plateros también se lee con calma
El Santuario de Plateros, hogar del Santo Niño de Atocha, no solo es uno de los centros de fe más importantes de México, también es una joya arquitectónica que se descubre cuando uno se detiene a mirar. Su fachada barroca está llena de relieves, figuras y símbolos que cuentan historias a quienes levantan la vista y siguen sus líneas.
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Construido entre los siglos XVIII y XIX, este santuario ha sido testigo del paso de millones de peregrinos que llegan cada año, muchos sin notar que en la piedra quedaron grabadas devoción, arte y paciencia artesanal. Ángeles, inscripciones y formas vegetales aparecen poco a poco cuando se observa sin prisa.



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