La leyenda “Piedra Negra”
Se cuenta que en épocas de minería y promesas rotas, dos jóvenes mineros —Misael Galán y Gildardo Higinio— llegaron al valle de plata con la esperanza de cambiar su suerte. Al excavar en la sierra descubrieron una piedra dorada que, creyeron, los haría ricos. Pero la ambición desató celos y desconfianza entre ellos hasta conducirlos a una muerte misteriosa junto a aquella roca que cambió de brillo y color. La llevaron al muro trasero de la catedral: hoy se dice que esa piedra negra guarda un poder, un eco de codicia y castigo.
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Cuando pases por la calle del Ángel y levantes la mirada hacia la cantera rosa de la catedral, encontraras aquella roca oscura que rompe la armonía de la piedra y parece susurrar: no todo lo que reluce es fortuna, y lo que nace de la avaricia, tarde o temprano, pesa como plomo en el alma.
Y así, la Piedra Negra permanece —un recuerdo de que la codicia puede tallarse en piedra, endurecer el corazón y sellar destinos.



