La leyenda del Panteón de Herrera y la Mujer de Piedra
En el barrio de Tres Cruces yace el Panteón de Herrera, donde una escultura de cantera rosa representa a una mujer sentada, con rostro de lamento, vela en mano, sobre la tumba de su hijo. La leyenda cuenta que aquella madre, consumida por la pena de perder a su hijo, entraba cada noche al panteón y no quiso salir jamás. Su cuerpo fue encontrado inerte en la tumba, y se dice que su luto se volvió piedra. Algunos dicen que aún sienten su calor y escuchan su llanto en silencio.
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La escultura del cantero Guillermo González Ibarra retrata esa pena tan humana que se vuelve mármol. Y en cada visita al panteón, las flores que se depositan junto a ella parecen mantenerse frescas, como si la devoción y la tristeza juntas atraparan el tiempo en ese espacio.
Es así que el Panteón no sólo es descanso para los cuerpos, sino refugio de un amor que no murió, que se petrificó para permanecer. Y ese silencio de piedra nos recuerda que a veces la muerte no separa, sino convierte lo que más amamos en eco eterno.



