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Campos de cempasúchil en Tacoaleche
En Tacoaleche, antes de que llegue noviembre, el paisaje se transforma. Donde antes había surcos secos y maíz cosechado, brota una marea naranja que parece encender la tierra: los campos de cempasúchil. Bajo el sol tibio del altiplano zacatecano, miles de flores se mecen al viento como si saludaran a los que pronto regresarán.
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Caminar entre esos campos es como entrar a otro mundo. El aire huele a tierra húmeda, a sol y a memoria. Las flores, juntas, parecen fuego detenido. Y cuando el viento sopla, uno entiende que no es solo brisa: es el alma del cempasúchil recordándonos que la muerte también florece.


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